‘Marketing’ de contenidos, ‘branded content’ y comunicación con mayúsculas | Luis Miguel Díaz-Meco Orizo

‘Marketing’ de contenidos, ‘branded content’ y comunicación con mayúsculas

Los juicios son lentos, si quieren rapidez ahí tienen los prejuicios. Viñeta publicada por Andrés Rábago, El Roto, en El País

Me gustan poco las etiquetas. Tal y como ocurre con los estereotipos, son muy útiles para fijar conceptos pero no nos permiten profundizar en la esencia de lo que hay detrás.

Facilitan un conocimiento rápido, pero insustancial, de cualquier realidad. Y el problema de fondo es que, en demasiadas ocasiones, nos quedamos en la superficie.

Por eso, cuando Carlos Molina me propuso amablemente participar en #CarnavalRRPP solo tuve claro de qué no iba a hablar: nada de de definiciones, etiquetas, diferencias…

Ofreceré solo algunos apuntes, fruto de una reflexión personal, sobre el marketing de contenidos, el branded content y la comunicación.

Viejas realidades. Viejas prácticas. Nuevas formas de venderlas

En mi opinión, ni el márquetin de contenidos ni el ‘branded content’ son nuevos.

La única novedad está en la forma de venderlos y en la repentina y urgente necesidad de expertos y empresas por utilizarlos como si se tratara de una nueva panacea.

Varía la percepción de la comunicación

Afortunadamente, parece que la comunicación lentamente aspira a asumir el lugar que realmente le corresponde dentro de cualquier organización que pueda llamarse moderna.

Y con ella, la figura del dircom adquiere una nueva dimensión. El chico de la prensa se va convirtiendo, aún más en la teoría que en la práctica, en el director de orquesta que ayude a construir, vele y difunda la reputación corporativa.

Por qué

Básicamente porque en el entorno actual todos padecemos un acusado déficit de atención, porque cambiamos constantemente de gustos y hábitos (también de compra) y porque nos interesamos por las cosas, las marcas, las personas… en la medida que nos parecen interesantes, tal y como apunta en este artículo Michael Brito.

Los mensajes oficiales, la publicidad institucional… no nos dicen nada. En cambio, creemos ciegamente a un amigo o a una persona que estimamos personal o profesionalmente cuando nos facilita una recomendación.

Pero en la práctica…

Las empresas, muy pocas eso sí, que han apostado por la comunicación con mayúsculas llevan años aplicando estos principios que ahora parecemos descubrir.

No sirve de nada renombrar viejas prácticas, basta con aplicar un sencillo principio: ofrece a tu audiencia lo que necesita y quiere oír y olvídate de lo que tu empresa quiere contar.

Conju(e)ga de otra forma

Igual que nuestro entorno y el modo en el que nos relacionamos con él, la gramática también ha cambiado.

La conjugación termina ahora en la primera persona del singular. [Si te centras en el ‘yo’, estarás cavando tu propia tumba].

Y comienza, con la tercera del plural. [Solo si te centras en tu público tendrás opciones de éxito].

Nada nuevo… ¿O sí?

Lo que debería haber sido una evolución natural, impuesta por las nuevas necesidades, para algunos continúa siendo una auténtica revolución, aún pendiente.

¿A ti qué te parece?

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