En comunicación, nada es lo que parece. El efecto holograma | Luis Miguel Díaz-Meco Orizo

En comunicación, nada es lo que parece. El efecto holograma

El efecto Holograma. Nada es lo que parece. Ignacio Jiménez Soler

Así es si así os parece. Luigi Pirandello

Para estar bien informado, hay que hacer un gran esfuerzo. Ignacio Ramonet.

Porque como se afirma en su cubierta: “Más del ochenta por ciento de la información que consumimos está condicionada o es inducida. Provoca estados de opinión, condiciona lo que creemos saber de las cosas y configura imaginarios colectivos. Esta circunstancia es empobrecedora por definición, excluye los matices, bloquea las experiencias, nos adocena o nos puede movilizar en la dirección incorrecta”.

Así arranca el último libro de Nacho Jiménez Soler, un excelente análisis de la sociedad actual, de cómo accedemos (consumimos) a la información y de cómo la utilizamos, sin el preciso tamiz del sentido crítico permanente.

De entre sus páginas, me he permitido extraer algunas ideas de interés general, básicas para cualquier profesional de la información o la comunicación:

Cómo realizar un ejercicio responsable de la labor de comunicación

  • Trabajar la materia prima informativa sin ánimo de confundir, sin intención de despistar, sin pretensión de manipular. Ética, firmes valores morales y deontología profesional, en definitiva.

Y del acceso a la información

  • Consumirla de una manera inteligente: decodificarla con una visión relativista, hacer esfuerzos por comprender, romper la espiral de silencio y actuar.

Porque, la causa casi nunca es noticia, la consecuencia tampoco.

A más información, menor conocimiento de los orígenes y efectos que producen los acontecimientos

Ya que se produce una doble paradoja:

  • Exceso de comunicación = defecto de conocimiento.
  • Sobrecarga de opinión = déficit de criterio.

Cuando la incertidumbre es alta (…), se generan espacios muertos (…) que suelen ser aprovechados en beneficio propio por las estructuras de poder mejor informadas o que mejor gestionan sus recursos y conocimientos en situaciones de desconcierto.

La burbuja financiera o inmobiliaria es (…) un mal plausible, pero la burbuja perceptiva e informativa que alimentó las dos primeras era intangible y más peligrosa si cabe ¿Por qué? Porque todos aprenderemos de las dos primeras (…) pero de la tercera, no.

En un guiño a Frank Luntz, se explica cómo las palabras tienen poder, son el mejor atajo para decodificar la complejidad del mundo pero, usadas con arte y criterio y puestas al servicio de causas perversas, son el narcótico de las sociedades actuales.

La espiral de mensajes encaminados a influir (…) ha creado un fenómeno novedoso y grave a su vez: la innovación semántica. Un nuevo lenguaje para tratar de envolver viejos productos o argumentos. Un fraude.

Y para el final, fiel a la filosofía del libro y a la naturaleza del autor de este blog, una discrepancia. Afirma Jiménez Soler, al referirse al proyecto colaborativo Wikipedia: «Sigo sin entender cómo millones de personas optan por informarse de ciertos temas en una “enciclopedia” cuyos contenidos nadie sabe quién los valida en lugar, por ejemplo, de optar por La Britannica, cuya solvencia es reconocida y sabemos a quién podemos pedir cuentas por posibles errores».

Parece claro, sin embargo, que la calidad y fiabilidad de sus artículos hacen de la Wikipedia una referencia ineludible, a la altura de la mejor enciclopedia tradicional. Si analizamos, además, el aspecto cuantitativo (número de artículos y fuentes consultadas), la comparación palidece aún más.

En resumen y como prólogo a nuestro (futuro) acceso y gestión de la información

Ser más o menos vulnerables, a la información que recibimos y a los intentos de manipulación de nuestras voluntades, está en nuestras manos, si somos conscientes de la simplificación de la realidad que vivimos, la contracción del lenguaje que sufrimos y la escasa consideración por los matices que mostramos.

La clave: relativizar. No dar por buena la opinión impuesta, no dar por buena la información consumida exclusivamente a través de los medios de comunicación, no dar por buena ninguna consigna política o empresarial.

En definitiva, hemos de ser críticos y forjar un criterio propio. Si no, caeremos fácilmente en la simplificación o nos veremos envueltos directamente en la mentira.

Puedes comenzar con este artículo. Estaré encantado de recibir cualquier comentario que matice lo apuntado.

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