Cómo realizar una brillante exposición… ¿En tres horas?

Asistía recientemente a un acto sobre un tema que me interesa, con un ponente con experiencia y un conocimiento enciclopédico sobre la cuestión, un formato reducido que animaba el diálogo… El resultado, como no cabía esperar, fue desastroso.

Veamos por qué:

  • Uno de los aspectos básicos de la comunicación es la preparación. Y no solo del fondo (saber qué se va a decir) sino de la forma (cómo lo vamos a hacer).

Y cuánto más se sabe sobre un tema, más escrupuloso hay que ser con lo que se quiere transmitir. Tres o cuatro ideas clave, bien aderezadas de experiencias personales, anécdotas… son más que suficientes.

En este punto conviene recordar siempre las palabras de Winston Churchill:

Un buen discurso debería ser como la falda de una mujer: suficientemente largo para abordar el tema pero lo suficientemente corto como para crear interés

  • El control del tiempo es fundamental. Como ocurre en muchos deportes, el equipo o el jugador que manejan con sabiduría los tiempos suelen alzarse con la victoria.

Claro que si la charla dura tres horas, el único control del tiempo que verás será el de los asistentes consultando compulsivamente su relojes.

Recuerda que no se conoce aún a nadie que se haya quejado de una charla corta.

  • El storytelling, el arte de contar historias que inspiren y contextualicen nuestras ideas, es un excelente recurso.

Pero cuando toda tu charla es un cuento, tres horas! Corres el riesgo de que una vez finalizada, nadie sea capaz de hacer un breve resumen de lo que se ha hablado.

No pasemos de un extremo al otro. Con el storytelling conviene hacer como con el humor, utílizalo para captar la atención, elevar el tono, mover a la acción, fijar una idea… porque si todo es storytelling, anécdotas y experiencias personales, no tendrá ningún efecto (positivo).

  • Lo realmente importante siempre es el público, nunca el ponente. Adáptate a él, inspírale, ofrécele lo que busca, implícale…

Si llegamos, nos exponemos como si estuviéramos en una vitrina, soltamos nuestra charla y nos vamos; qué queda, nada.

Hemos de pasar del yo al vosotros, y en último término al nosotros.

Y eso que en este caso, el comienzo de la exposición fue muy bueno, ya que el ponente agradeció a todos los asistentes su tiempo.

Ahora lo entiendo todo!

Pero no todo iba a ser malo, como tres horas dan para mucho, no solo aprendí -he de reconocerlo- sino que hasta tuve tiempo de escribir este artículo, casi en tiempo real.

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